Jesús es suficiente como: Sanador y Salvador. Parte II

II. Fe emprendedora de los amigos.

Lucas 5:17-20 “Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados”.

         Al inicio, parece una escena común. Unos hombres traen con ellos a su amigo, que está enfermo. Seguramente habían escuchado de Jesús y del poder de Dios que está Él para sanar. Así que hacen lo necesario para llevar a su amigo hasta Jesús. Pero esta actitud nos revela dos cosas básicas de ellos:

  1. Llevan al enfermo hasta Jesús. No esperan a que el pase cerca de donde está el enfermo.
  2. Enfrentan las dificultades para presentar el enfermo ante Jesús. Seguramente para lograrlo, incluso se metieron en problemas, por los medios utilizados. Pero hay que destacar que no cesaron de su empeño hasta ponerle frente a Jesús.

Hasta aquí, esto es lo que muchas personas harían a favor de un amigo o familiar enfermo. Han escuchado que alguien puede sanarlo y llevan al enfermo hasta donde puede recibir la sanidad.

Pero aquí es donde empiezan a verse situaciones diferentes. El texto dice: “Al ver la fe de ellos” (la palabra fe que se usa en los Evangelios se utiliza para hablar de confianza en Cristo. De esta forma no se trata de cualquier fe que ellos tienen. Sino específicamente fe en Jesús). Y eso es lo que hace la diferencia, no buscaban simplemente quién sanara a su enfermo. Buscan específicamente a Jesús.

Lo maravilloso aquí es que lo que salvó a ese hombre fue la fe de sus amigos. Cuando Jesús se dio cuenta de la fe que los amigos tenían, que era esa fe emprendedora, que no se detenía ante nada que les impidiera traer a su amigo a Jesús para que le pudiera sanar, aquella fe obtuvo la salud del paralítico. Y esto sigue sucediendo ¿De qué forma?

  1. El impulso de la fe de otros. Una persona daba testimonio diciendo que, a través de los años, volvía a él la voz de su madre: “Confía en Dios, y haz el bien”. Cuando Agustín de Hipona estaba viviendo una vida incontrolada e inmoral, Mónica su piadosa madre fue a buscar la ayuda de un obispo cristiano. “Es imposible -le dijo éste- que el hijo de tales oraciones y lágrimas se pierda”. Muchos de nosotros damos testimonio con gratitud y gozo de que le debemos todo lo que somos y seremos a la fe de nuestros padres. Pues con su ejemplo y actitud no descansaron sino hasta ponernos delante de Jesús. Para que recibiéramos la salvación.
  2. Hay quienes se salvan diariamente por la fe de los que los aman. Es la oración de muchos padres y hermanos la que constantemente están intercediendo por nosotros, la que nos libra de accidentes, tentaciones. Muchos de nosotros habríamos caído de no ser por la intercesión de los que están orando por nosotros.

Gracias a Dios por los que con la influencia de su fe no han parado hasta presentarnos delante de Jesús y muchos otros que al ejercer su fe en favor de otros, los libran del pecado y proveen la bendición de Dios hacia ellos.

Este grupo de amigos habían llevado al enfermo hasta Jesús en búsqueda de lo que consideran más importante. La respuesta de Jesús va a lo más profundo de sus necesidades. Él dice: “tus pecados te son perdonados”.

La salud física de una o de otra manera es temporal. No es que haya algún desprecio por el cuerpo y la salud física. Pero finalmente la salud física no es lo más importante para el ser humano. El perdón de los pecados por otro lado lo prepara para la eternidad

III. Salvación y sanación del ser humano.

Lucas 5:21-24 “Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa”.

¿Qué quiere decir este pasaje acerca del perdón de los pecados? Debemos tener presente que se consideraba que el pecado y el sufrimiento estaban íntimamente relacionados como causa y efecto. Se daba por sentado que, si una persona estaba sufriendo, sería porque había pecado; y por eso, el que sufría tenía a menudo un sentido de culpabilidad. Por eso Jesús empezó por decirle al paralítico que se le habían perdonado los pecados. De otra manera el hombre no habría creído que podría sanar. El ser humano es un ser integral y Dios nos trata así.

A Dios le interesa el ser humano de manera integral. No solo está interesado por la salud espiritual o la salud física. Ambas cosas son importantes, si bien cada una de ellas tiene un tiempo y una razón. La salvación espiritual en este sentido, el que los pecados les sean perdonados es importante, porque es nuestro acceso a la eternidad, por la acción de Jesús. Mientras que el cuerpo físico es el espacio donde vivimos desde ahora las bendiciones de Dios. Es el espacio donde vivimos la espiritualidad la gratitud y el servicio a Dios y al prójimo.

Solo Jesús es suficiente para salvar y sanar. Los fariseos de este texto tienen razón en el cuestionamiento que expresan. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Efectivamente solo Dios es quien tiene la facultad de perdonar (aquí la palabra se utiliza para perdonar, remitir. Tiene la connotación de que dejar ir o despedir el pecado. Se utiliza en el mismo sentido en el Padrenuestro) los pecados. Ahora están a punto de descubrir que Jesús así como tiene el poder de Dios para perdonar el pecado, también tiene el poder para sanar.

Según el pensamiento de la época, si el hombre estaba enfermo, es porque era pecador. Aún hoy en día sigue habiendo grupos religiosos que asocian la enfermedad con el pecado. Sin distinguir que si bien algunas enfermedades pueden ser causa del pecado, en otras simplemente no hay relación. Incluso existen personas que asocian una enfermedad con el pecado de sus padres. Pasando por alto lo que enseña la Escritura.

Jeremías 31:29-30 “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera”.

La objeción que los fariseos hacen de que Jesús pudiera perdonar pecados, queda desechada, cuando el hombre es sanado. De esta forma la salud física se convierte en garantía de que la salvación y perdón de pecados efectivamente había llegado a este hombre. Jesús tiene el poder de salvar y sanar.

Conclusión. – Un final con enseñanza.

Lucas 5:25-26 “Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas”.

Se levantó sanado y salvado. La obra que Jesús hace es completa. Toma el lecho y vuelve a casa. La salvación tiene por lo menos dos efectos.

  1. Restauración. El hombre ahora va cargando el lecho donde antes era transportado. La restauración que Dios ha hecho en él le permite cargar la camilla donde antes sufría.
  2. Ser testigo de la obra de Dios ha de motivarnos a glorificarle. Dio gloria a Dios quien recibió la salvación, pero también los que han sido testigos de esa salvación-sanidad.

Jesús tiene el poder de salvar y sanar. Son dos aspectos de un mismo evento. Podemos experimentarlo cuando venimos a Jesús como Señor y Salvador.

Jesús + Nada = Todo

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